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    Claudina Peralta Martínez


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Claudina Peralta Martínez :: Contenidos

Noviembre 01, 2009

 

 

INCLUSIÓN Y REALIDAD

 

Pensar la educación en Colombia es pensar en la diversidad que existe en nuestro país, no sólo desde la diversidad geográfica, ambiental o cultural sino desde la diferencia individual de cada ser humano; diferencias que implican que el maestro de hoy conozca tanto el elemento pedagógico como el psíquico de tal manera que pueda orientar de mejor manera los procesos que se llevan a cabo al interior del aula.

 

Pues bien, este es el reto que debe asumir la escuela colombiana afirma Cedeño “estudiar el complejo campo social de la Educación y la Diversidad y su desarrollo en las instituciones y centros educativos”[1],  debido a que son estos los espacios donde cohabitan la diferencia, los cambios permanentes de enfoques y perspectivas que permitan el fortalecimiento del ejercicio docente, el discernir de la ciencia, la concertación para asumir los retos que impone este mundo moderno y cambiante, las múltiples formas de ver y asumir las diferencias individuales y colectivas, las formas de asumir el conocimiento y aprendizaje, la gran variedad de contextos socio-culturales a los que pertenecemos y de la cual la inclusión no es ajena, la participación y el desarrollo personal y cultura en su mayor expresión”[2]. 

 

Partiendo de lo expuesto se hace menester abordar un concepto de “interdisciplinariedad”, puesto de moda en los últimos años y abordado por diversos autores. <<La interdisciplinariedad>> como fenómeno en el que converge una exigencia interna de las ciencias será una “connotación de aspectos específicos de la interacción de las disciplinas... que, dentro del conjunto adquiere un sentido propio o matiz de la disciplinariedad”[3]. Es hora entonces de lanzar una mirada interdisciplinar desde la educación donde se involucren elementos cognitivos – cognoscitivos, pedagógicos e incluyentes en nuestras escuelas, para que se pueda hablar con certeza de una inclusión que se hace efectiva en el aula de clase.

 

Bien afirma Cedeño “Esta posibilidad de transformación, será viable en la medida en que haya un reconocimiento interactivo de diferentes campos disciplinares que busquen responder a las preguntas de ¿cómo se aprende? y ¿cómo se enseña?”, planteamiento que pretende que el maestro no sólo conozca los elementos didácticos sino que conozca los aspectos psíquicos individuales de cada estudiante para  así potencializar su desarrollo y por ende su aprendizaje.

 

Lo esbozado anteriormente se fundamenta más aún con la presentación de “La “Educación para Todospromovida por la UNESCO en Tailandia en 1990, programa en el cual “Todos hace referencia a la concomitante diversidad de los procesos vitales, personales y culturales sobre los que se asegura y potencia la vida de Todos y de los que hablábamos inicialmente”[4].  Sea este el momento para que nuestras escuelas con el apoyo directo de los estamentos del gobierno abran los espacios pertinentes para mirar y atender a Todos desde la parte de la naturaleza humana, que es esencialmente diversa, y solo puede ser asumida desde una Educación para Todos, suficientemente diversificada para que alcance a las diferentes realidades, personales y culturales, en igualdad de oportunidades pero no en igual forma, retomando las palabras de Cedeño.

 

Es por ello que Colombia tiene como una de las metas más importantes en el campo de la educación durante este momento histórico, el desarrollo de una “Educación para todos” cual se pretende alcanzar unos objetivos trascendentales para todas la personas, propendiendo de manera especial, porque todos los niños, niñas y jóvenes tengan acceso a una educación de calidad liderada  por una escuela en la que se promuevan verdaderos espacios de enseñanza que permitan mejorar de manera trascendental su calidad de vida. Otro aspecto relevante es la satisfacción de unas necesidades de aprendizaje y la preparación para la vida activa, garantizando así el derecho que tiene cada colombiano a la educación.

 

Pero ¿qué tan preparados están los maestros para asumir este reto? ¿Podrá la escuela actual asumirlo y afrontarlo como tal? Surgen estos interrogantes debido a que en nuestro país aún no se ha dado un verdadero proceso de inclusión en las escuelas y universidades, muy a pesar de los logros que en materia legislativa, Colombia ha alcanzado, aún no cuenta con una política educativa específica que propenda por la reivindicación del derecho a la educación de las personas en condición de discapacidad en la educación, por lo menos en el nivel superior[5].

 

Es tarea de la escuela elaborar un PEI que atienda a las particularidades de las que se ha hablado y diseñar estrategias metodológicas apoyadas en el uso de herramientas tecnológicas, que potencialicen al máximo el desarrollo de las capacidades individuales de las personas en situación de discapacidad.

 

Es aquí donde podría darse una mirada crítica a lo planteado por Ospina o quizá es éste el llamado de atención más real que se le pueda hacer a la escuela, y por qué no, también al maestro:

 

“Hay que desconfiar de la escuela que no acepta la singularidad sino que se esfuerza por desdibujar y por uniformar a los individuos, de la escuela que combate como indisciplina toda originalidad, de la escuela que termina representando una suerte de venganza de los adultos contra los menores y de las repeticiones y las clasificaciones de la vejez contra la imaginación de la juventud. Hay que avanzar hacia una educación que no se limite a informar y a adiestrar, que no exagere el culto de la competitividad, que favorezca la capacidad de creación, la alegría de buscar, el espíritu de solidaridad. Abundan los uniformes y también los arbitrarios sistemas de calificación, los certámenes de repetición, la mera adoración de lo que  otros han creado, la disciplina mecánica y obtusa”[6].

 

Es justo el rompimiento absoluto de aquella escuela que aún sigue castrando la originalidad con la que nacen los niños, es hora de incluir e incluirse con las armas más fuertes que tienen los maestros: el deseo infinito de enseñar y hacer de la sociedad un elemento cambiante que ponga de manifiesto toda diversidad y en la que desde el niño con una situación de discapacidad disfrute de aprender tanto como aquel que no la vive, es hora de volver a lo humano para hacer que nuestros niños, niñas y jóvenes asuman una actitud que les permita aprovechar la información para llegar a nuevas conclusiones, aprovechar unas nociones para intentar nuevas respuestas, utilizar un conjunto de conquistas técnicas para proponer nuevos desafíos[7]

 

Es hora de dejar que nuestros niños crezcan con una pregunta hacia al mundo que lo rodea, procurando que resuelva problemas no solo con el mundo que lo rodea, sino también, con los demás y consigo mismo. Dejando que éste sea alguien para llegar a ser algo”[8], como bien lo afirma Goethe.

 

 

 



[1] CEDEÑO ÁNGEL,  Fulvia. La Revolución Educativa: Políticas nacionales para la inclusión hacia el reconocimiento de la diversidad. En: MEMORIAS.  Colombia, España, Argentina y México se unen para hablar del tema. Agosto 17 al 19. Convocan: Fundive y Comunicando Sentidos. Medellín – Colombia.

[2] Cf. Ibid. Pág 6

[3]TAMAYO Y TAMAYO, Mario. La Investigación. Serie APRENDER A INVESTIGAR. INSTITUTO COLOMBIANO PARA EL FOMENTO DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR, ICFES. Bogotá. 1999. Pág. 78

[4] Ibid, pág 4

[6] OSPINA, William. LA ESCUELA DE LA NOCHE. Reflexiones sobre la educación.

[7] Ibid.

[8] Goethe, citado por OSPINA, William. LA ESCUELA DE LA NOCHE. Reflexiones sobre la educación.

 

 

 

 

Palabras clave: Inclusión, Educación, Realidad, Interdisciplinariedad, elementos cognitivos – cognoscitivos, pedagógicos e incluyentes., Buena práctica

Publicado por Claudina Peralta Martínez | 0 comentario(s)